Perfiles: Oklahoma

Oklahoma es uno de los pocos Estados que no elegirá uno, sino dos Senadores en Noviembre. Esta situación inusual se debe a la coincidencia de una elección programada para uno de sus escaños y la renuncia del ocupante del otro, que precipitó la elección especial de un suplente por los dos años restantes del mandato. A estas dos contiendas se suman (en el mismo día) la elección de Representantes en sus cinco distritos congresales, la elección del gobernador del Estado, la renovación de todos sus escaños en la cámara baja estatal y de la mitad en la cámara alta. Se espera, con tanta certeza como permite la política y el estudio de ella, que el partido Republicano obtenga la totalidad de la representación en el Congreso, logre reelegir a su gobernadora por un gran margen y conserve o amplíe su supermayoría en ambas cámaras de la legislatura estatal.

Esta victoria abrumadora por parte de los conservadores obedece al carácter político y demográfico del Estado, el cual es hogar a una población de mayor religiosidad, homogeneidad racial y tradicionalismo que la media nacional, así como a los crecientes niveles de polarización política en el país y distancia ideológica entre los partidos. Su combinación vuelve al distrito un bastión del partido Republicano, truncando las posibilidades de triunfo opositor en cualquier competencia significativa a nivel estatal y transformando a las primarias del partido en la verdadera elección, algo que puede verse en los eventos de este año.

De las competencias en el Senado, ambas se perfilan a ser ganadas por los Republicanos por distancias de más de 30 puntos. Una, la elección corriente, enfrenta al Demócrata Matt Silverstein contra el Republicano James Inhofe. El primero es un politólogo de 33 años de ascendencia Choctaw y judía, sin pasado alguno en la política. El segundo lleva veinte años como Senador y cumplirá 80 poco después de ir a las urnas en Noviembre. Por si las ventajas de la titularidad y la pertenencia del candidato opositor a dos minorías raciales no fuesen suficientes, Inhofe posee un cofre de campaña con un millón y medio de dólares a su disposición, casi quince veces el total que Silverstein tiene a mano, y el último no ha querido o no ha podido esconder su apoyo a posiciones abismalmente impopulares en Oklahoma, como el derecho al aborto o el matrimonio homosexual.

La otra, producida por la renuncia anticipada del Senador Republicano Tom Coburn al ser diagnosticado con cáncer de próstata, posee al Republicano James Lankford y a la Demócrata Connie Johnson como candidatos. Como consecuencia de ser un escaño abierto, la elección interna Republicana fue considerablemente competitiva, inclusive atrayendo la atención de figuras de importancia nacional como Ted Cruz o Sarah Palin en apoyo del rival del Tea Party de Lankford. Lankford eventualmente ganó, pero debió hacer campaña de forma ardua antes de las primarias y recibir donaciones del ala más moderada del partido Republicano tanto por dentro como por fuera del Estado.  El ala más intransigente del Tea Party, que no recibió la derrota de forma amable, tal vez decida abstenerse y dejar caer la porción de voto de Lankford al 60%.

Las competencias por los escaños en la Cámara de Representantes tendrán márgenes menores en algunos casos, particularmente en el 5to distrito que linda con Texas, pero continuarán el patrón. No es ello consecuencia de un diseño partidista de los distritos en esta situación, puesto que no han cambiado en límites geográficos desde el 2000, sino de la presencia un electorado que encuentra imposible elegir postulantes Demócratas por distancia ideológica e imagen negativa. De no surgir candidatos independientes o un candidato Republicano catastróficamente inepto, esta situación podría prolongarse por todo el futuro previsible, dejando la elección repetidamente en las manos de los votantes de las primarias del partido en forma exclusiva.

Por último, la reelección de la Gobernadora Mary Fallin y la renovación de escaños en la legislatura estatal harán las veces de contiendas relativamente competitivas. Aquí las distancias entre los candidatos de ambos partidos sólo favoreceran a los Republicanos por diez o veinte puntos, dependiendo de la participación de los votantes de la minoría Demócrata. De montar un esfuerzo en las últimas semanas, la oposición podría prevenir el crecimiento de la supermayoría Republicana y no perder ninguno de los pocos distritos estatales que aún controlan.  Tal vez luchar por su supervivencia política los motive lo suficiente.

ok

Por Joaquín Harguindey

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