Cuestiones de raza y problemas de clase

La cuestión racial y la situación de las minorías étnicas son interrogantes irresueltos en la sociedad americana moderna, piedras de toque que dividen aguas y definiciones acerca de los valores “americanos”, el alcance del poder federal, el funcionamiento adecuado de las instituciones gubernamentales o la desigualdad, en consecuencia contribuyen a estructurar los campos de creencias y la bases electorales diferenciadas de los dos partidos tradicionales. Esporádicamente resurgen del letargo político a partir de denuncias de brutalidad policíaca o tensiones inmigratorias, y el horizonte de sentido bajo el que se aborda el tratamiento invariablemente vuelve a la narrativa histórica reciente, y no tanto, de la sociedad americana en búsqueda de argumentos, enunciados y herramientas para defender o validar cada postura.

Un poco de historia

Una vez finalizada la guerra civil y suprimida la institución esclavista el gobierno federal ocupó militarmente los Estados derrotados, comenzó un proceso de lenta reincorporación de los secesionistas a la unión mientras se procuraba regularizar la situación legal de los esclavos liberados. Los comicios locales y estaduales los distritos en proceso de “reconstrucción” se disputaron entre una coalición política estimulada por las élites norteñas republicanas, radicales defensores de la abolición que se afianzaron alrededor del voto de los libertos en contra de un frente demócrata sureño, organizado alrededor de la redención del sur, la remoción de las tropas federales y el miedo de los blancos a las poblaciones esclavas liberadas. La situación era tortuosa: violencia política, organizaciones paramilitares, intimidación electoral y fraude fueron herramientas comunes que lentamente lograron devolverle el poder a las elites sureñas inicialmente desplazadas, la fuerza del partido republicano local se esfumó con la retirada de las tropas federales. Con la consolidación de una coalición blanca abiertamente opuesta a cualquier tipo de igualación racial con la población liberada al ejercicio de la violencia política no tardó en sucederle la institucionalización. Leyes “Jim Crow”, término peyorativo para referirse a los afroamericanos, dedicadas a mantener bajo control a la población de color, eliminar su participación en las responsabilidades cívicas y segregarla respecto de la provisión de servicios públicos fueron instrumentadas junto con cláusulas electorales que garantizaron removerla paulatinamente de los comicios. La posición dominante obtenida en el congreso nacional a partir de la exclusión de facto de un partido y sus votantes validaron, junto al fallo de la corte suprema en “Plessy contra Ferguson”, la continuidad de la legislación bajo el criterio de “separados pero iguales”. Estos artefactos legales defendidos por las mayorías que participaban del proceso electoral se encargaron de mantener y profundizar los efectos de la esclavitud en la ahora nominalmente libre población de color sureña, la educación de los afroamericanos y su participación en la vida pública de esas regiones se vio fuertemente afectada por el sistema legal erigido en paralelo a las variantes de discriminación informal prevalecientes desde tiempos esclavistas.

Con el avance del siglo XX los cambios en la composición interna y las bases electorales de los partidos nacionales, la gran depresión y la coalición New Deal junto a las tensiones y conflictos propias de la segregación fueron creando aberturas, fisuras y espacios. El lento proceso de derogación de las leyes Jim Crow y la regularización de la situación electoral se encontró impulsado por las reformas desde el poder ejecutivo y judicial o los intentos de resistencia civil y demostraciones públicas surgidos de las entrañas de la sociedad civil. Hacia mediados de la década del cincuenta comenzaron a precipitarse las acciones de protesta, los intentos de reforma y los procesos de apelación judicial a la legislación imperante; durante los años sesenta una mayoría bi-partidaria de representantes en su mayoría norteños erigieron legislación para prohibir la segregación en espacios e instituciones públicas, resguardar el derecho al voto y garantizar igual protección ante la ley. En paralelo las intensificación de los conflictos raciales alcanzaba un punto álgido, la sociedad americana se convulsionaba con protestas e incidentes inspirados de forma significativa por el tratamiento racista del que se acusaba a la policía respecto de jóvenes de clase trabajadora negra. Las conquistas del movimiento por los derechos civiles y el apoyo que muchas de sus demandas encontraron en ambos partidos aparece diluido hace ya tiempo. Las problemáticas específicamente sociales, educativas y económicas que afectaban a la población negra continúan con variaciones hasta la actualidad, sumadas a las de la creciente demográfica hispana cuya condición étnica distintiva también la convierte en una minoría, la de mayor tamaño en los Estados Unidos. La reforma civil y política que logró revertir la exclusión de las diversas minorías en la participación política o el ejercicio de sus libertades públicas no avanzó de forma significativa sobre estas dimensiones económicas y sociales de la desigualdad. Luego de los años sesenta el debate se trasladó al enmarañado intercambio acerca del rol del gobierno federal y las prioridades del presupuesto así como también, en paralelo, se realizó un cuestionamiento severo de parte de las posturas conservadoras. Encarnadas por el partido Republicano, y una nueva coalición sureña que en parte recogió los votantes demócratas desilusionados con el giro progresista de su partido y en el marco de una militancia de sobriedad fiscal puso en serias dudas la eficacia y pertinencia del gasto estatal en políticas públicas diseñadas para taclear las dificultades en la inserción de las minorías raciales y étnicas más desaventajadas. Desde las problemáticas específicas originaria, de carácter legal y político, la discusión alrededor de las minorías, y la discriminación, comenzó a ser tematizada por definiciones y evaluaciones en disputa acerca de la desigualdad social y la pobreza persistente.

La situación actual

Las tensiones raciales americanas, propias de la primera mitad del siglo XX, parecen atenuadas o al menos subsumidas en intercambios más abstractos acerca de los ingresos dispares o la igualdad de oportunidades. Sin embargo situaciones específicas que llegan al público, que son enarboladas por colectivos políticos y o cuyo tratamiento suscita desde ambos lados del espectro reacciones tensas suelen reavivar y aglutinar posturas acerca de si Estados Unidos es o no una sociedad basada en las distinciones raciales: los casos de brutalidad policíaca, acusaciones de tratamiento diferencial a acusados debido a sus características raciales o étnicas, reclamos hechos contra los intentos de establecer mecanismos de discriminación positiva en universidades, la agitación pública producto de la legislación referida a los procesos inmigratorios, en especial la de origen hispano y regulaciones electorales con sesgos proscriptivos en algunos Estados suelen ser ejemplos concretos donde discurso público, en mayor o menor medida, dirige la atención hacia las minorías raciales y étnicas. En parte, la problemática velada pero persistente es la de clase: el acceso diferencial a la educación superior, la disparidad en ingresos y las posibilidades de ascenso social que acosan a partes relevantes de estas demográficas puede explicarse por sus posibilidades de ofertarse en el mercado de trabajo y la ubicación que esto conlleva.

En la estructura ocupacional americana actual tanto latinos como afroamericanos tienen una presencia significativa dentro de los puestos de trabajo menos valorados y calificados, su problemática cotidiana principal es una de situación de clase y oportunidades económicas o educativas diferenciales respecto del público en general, o al menos las amplias clases medias urbanas. Las ocupaciones de los servicios poco calificados, como las de limpieza o cuidado personal, concentran aproximadamente al 21,9% de los ocupados hispanos, al 16,3% de los afroamericanos y solo al 12,5% de los blancos.

Porcentaje de trabajadores empleados por su grupo ocupacional según grupo étnico/racial en USA. 2012
Blancos Hispanos Asiáticos Afroamericanos TOTAL
Management, business and financial occupations 16,60 8,90 16,90 11,10 22653
Professional and related occupations 22,00 11,80 31,50 18,40 31343
Healthcare support and protective service occupations 4,00 4,40 3,10 9,10 6592
Office support occupations 12,30 11.7 9,70 14,40 17695
Sales and related occupations 10,90 9,60 10,60 10,30 15457
Other service occupations 12,50 21,90 15,30 16,30 18867
Production, installation, maintenance and repair occupations 9,40 12,10 8,20 8,80 13276
Construction and extraction occupations 5,40 9,30 1,40 2,70 7005
Transportation and material moving occupations 5,80 8,50 3,00 8,60 8540
Farming, fishing, and forestry occupations 0,80 2,00 0,20 0,30 994
TOTAL 114769 21878 7705 15856 142469
Fuente: elaboración propia a partir de los datos del Bureau of Labor Statistics. http://www.bls.gov/cps/cps_aa2012.htm (los absolutos se encuentran en miles)

Son estos mismos grupos ocupacionales, con importantes contingentes de minorías, los que poseen promedios de ingreso anual, explicados en parte por la baja calificación y las pocas exigencias de credenciales educativas para el desempeño de sus tareas. Así como en las ocupaciones más redituables resulta menos probable, de forma significativa en algunos casos, encontrar individuos de pertenencia hispana o afroamericana. La distancia entre las remuneraciones de ocupaciones de los servicios poco calificados o transporte y logística respecto de los empleos profesionales, de dirección y management da lugar a una brecha que afecta negativamente a las minorías en consecuencia a su distribución en la estructura ocupacional. Un gráfico elaborado por el Bureau of Labor Statistics para el año 2011, a partir de datos del 2010, es ilustrativa al respecto: sin haber elaborado las mismas categorías que nuestros cuadros la mediana de ingresos semanales afecta fuertemente a los afroamericanos y a los hispanos, incluso en cierta medida dentro de los mismos tipos de ocupaciones, lo cual podría hablar de las condiciones de contratación a las que pueden acceder.

Sin título-1

Así como en su inserción dentro del mercado de trabajo las minorías étnicas se encuentran en posiciones desventajosas respecto de la mayoría, en gran medida debido a la posición de clase, en el ámbito de la educación también se encuentran diferenciales relevantes. Los participantes de la fuerza de trabajo afroamericana, y sobre todo los individuos hispanos, se encuentran varios puntos porcentuales por debajo de los blancos en cuanto a probabilidades de adquirir un título universitario o post-secundario. Contra casi un 40% de la fuerza laboral blanca que detenta un título de bachillerato universitario los afroamericanos apenas llegan al 24% y los hispanos solo al 16%.

Porcentaje de participantes de la fuerza de trabajo de entre 25 y 64 años según nivel educativo alcanzado por raza/etnia. año 2012
Máximo Nivel educativo alcanzado Pertenencia racial o étnica
Blanco Afroamericano Hispano Asiático Nativo Americano TOTAL
Less than high school completion 4,5 8,8 30,7 9,4 10,6 11876
High school completion 24,9 29,5 27,2 13,6 31,8 31664
Some college, no degree 22,2 28,4 19,3 13,2 28,8 27686
Associate’s degree 10,1 9,4 6,6 6,7 10,6 11660
Bachelor’s or higher degree 38,3 23,9 16,2 57,1 18,3 42866
TOTAL 83498 14604 19879 7046 725 125752
Los absolutos se encuentra en miles de individuos. Fuente, elaboración propia a partir de los datos en: http://nces.ed.gov/programs/digest/d13/tables/dt13_501.10.asp

Estos números son relevantes en tanto la capacidad de adquirir un título especializado reditúa en posibilidades de valorizar las propias capacidades dentro del mercado de trabajo o de ingresar a un nicho de servicios específicos y escasos. Ocupaciones cuyo desempeño, a su vez, remite en ingresos elevados y una mayor estabilidad laboral. Al caso hispano se le suma tener casi un tercio de población cuya falta de educación secundaria finalizada la ubican en una posición más que desventajosa: propensa a quedar inserta en los puestos de trabajo inestables, sin calificación, poco remunerados y de malas condiciones laborales. La reproducción de las desigualdades que afectan a las minorías de la sociedad americana tiene un componente de clase importante: el traslado inter-generacional de un ciclo de bajos ingresos, una inserción laboral inestable y pocas oportunidades educativas es la problemática cotidiana cuya puesta en escena se hace manifiesta en las situaciones límite, mediante la evocación de una historia no del todo saldada. El impacto solapado de las desigualdades económicas y sociales se vuelve campo fértil para el reclamo abierto, y muchas veces la reacción violenta, cuando las relaciones con la institución policial se hacen añicos o se acusa actitudes racistas de parte de autoridades públicas. Al menos por un tiempo la desigualdad racial reaparece en la comunicación mediática, quizá más que nunca, como un problema que excede la inequitativa distribución de los ingresos o las posibilidades en el mercado de trabajo. La pertenencia racial pareciera una categoría que muchas democracias occidentales buscan erradicar para comprender el devenir político, las connotaciones del discurso racial sobre la conducta y las actitudes de los individuos no se adecúan a los valores hegemónicos de la modernidad. En Estados Unidos sin embargo mantiene su fuerza en el discurso público como problema nodal, y aunque relativamente distendida en comparación a otros momentos históricos, posee un valor significativo a la hora del posicionamiento. Quizá más por las implicancias e inequidades de clase que conlleva, el traslado de generación en generación de estas implicancias y desigualdades, por su función de categoría sensibilizadora al respecto y su rol como piedra de toque al tratamiento que las instituciones políticas, sus actores predominantes y colectivos les dan.

Por Ramiro Robles

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