Perfiles: Alaska

El año 2012 no fue un buen año para la mayoría de los encuestadores y analistas políticos en los Estados Unidos. Expertos como Dick Morris o grandes companías dedicadas al relevo de información como Gallup no sólo no previeron la reelección de Barack Obama como presidente, sino que tampoco ofrecieron un pronóstico razonablemente similar a la realidad para los resultados de la mayoría de las carreras en el Senado y la Cámara de Representantes. Como consecuencia de ello, algunas encuestadoras u organizaciones mediáticas vieron decaer su prestigio, otras debieron llevar adelante despidos de figuras demasiado asociadas a la debacle y algunas pocas simplemente dejaron de existir.  Para empeorar la situación, su desgracia fue aún mayor cuando matemáticos, estadísticos y cientistas políticos con recursos comparativamente diminutos  lograron resultados mucho mejores, a menudo sin más ambición que la de llevar adelante un hobby o un proyecto amateur.

Los motivos de este fracaso, al menos desde el punto de vista de aquellos expertos que sí tuvieron un desempeño exitoso ese año, obedecieron a la incapacidad de muchos relevos de adaptarse a las nuevas formas de contactar a los potenciales votantes y a una modelización demasiado ortodoxa de los niveles de participación de diferentes grupos. Lo primero hizo que las muestras fueran sesgadas como consecuencia de un énfasis anacrónico en los teléfonos de línea y de cierto descuido en la selección de los horarios de llamada, mientras que lo segundo asumió que el electorado no volvería a mostrar los mismos niveles de participación por parte de los jóvenes y las minorías que exhibió en 2008. Su combinación dio como resultado, una vez tras otra, muestras poblacionales que no eran fielmente representativas del electorado que fue a las urnas, resultados altamente distorsionados y estupor profundo entre aquellos que consideraban la elección en manos del partido Republicano por vía de un triunfo arrollador.

Deseosas de no caer en ridículo de nuevo, muchas de las encuestadoras, organizaciones de expertos y emisoras televisivas en desgracia han revisado sus algoritmos para incluir estos nuevos factores, buscando utilizar las elecciones de medio término de este año como una forma de distanciarse de los eventos de 2012 . Por ahora, su apuesta parece estar dando frutos, ya que existe un consenso entre la mayoría de los expertos acerca de la seriedad y el profesionalismo del trabajo de sus pares en todas las competencias del país. O al menos en todas las competencias del país con excepción de Alaska.

Este distrito elegirá a uno de sus Senadores el 4 de Noviembre, al optar entre la reelección del Demócrata Mark Begich y su reemplazo por parte del Republicano Dan Sullivan. El primero es hijo del popular Nicholas Begich, quien fue electo como Representante por Alaska en dos ocasiones durante los años 70, la segunda en forma póstuma luego de su desaparición en un accidente aéreo a menos de un mes de la elección. Begich es probablemente uno de los titulares Demócratas en mayores aprietos este año, debido en buena parte a la improbabilidad de que se repitan las condiciones que lo propulsaron al cargo en 2008; alta participación de los integrantes de su coalición, adversarios convencidos de su propia invencibilidad y la repentina condena del candidato Republicano por cargos de corrupción. Para contrarrestarlo, ha intentado conseguir el voto de ciudadanos que generalmente no se molestan en votar, tales como las comunidades Aleut e Inuit, y llevado a cabo una gira de recaudación por Washington y otros lugares distantes de Alaska con el objetivo de solventar la inundación de los canales y estaciones de radio con propaganda. Su adversario, un ex-infante de marina que derrotó a dos candidatos del Tea Party en la primaria del partido, fue el procurador general del Estado durante la gobernación de Sarah Palin y el comisionado del Departamento de Recursos Naturales hasta el año pasado. Ha llevado adelante una campaña activa, también haciendo uso de grandes cantidades de financiamento ajeno al Estado para una ofensiva mediática, y centrado su discurso alrededor de la asociación de su rival con el Presidente y el lozano crecimiento del sector público.

La eficacia de sus respectivas estrategias, sin embargo, ha sido imposible de aseverar. Durante los últimos dos meses, los sondeos de intención de voto han tenido variaciones de hasta veinte puntos en una semana, tornando a las predicciones de victoria de alguno de los candidatos en una acción temeraria o efímera para cualquier observador. Las características geográficas y demográficas del Estado sin duda no han contribuido. Alaska es un distrito gigantesco, con una población muy dispersa y proclive a los cambios migratorios (algo así como un tercio de sus habtitantes abandonó o ingresó al Estado durante la última década). Muchos lugares carecen de cobertura telefónica móvil o acceso a internet, mientras que muchos otros no usan el inglés como lengua corriente. Los encuestadores no han podido o sabido adaptarse a ello, reviviendo su énfasis en los teléfonos de línea o los llamados a teléfonos móviles sin comprobar que sus portadores continúen viviendo en el distrito. Como resultado de ello, la posibilidad de comprender cómo y por qué votarán sus habitantes  se encuentra completamente comprometida, reduciendo todo estudio a poco más que una adivinanza inspirada. Sólo el conteo posterior al 4 de Noviembre, que podrá extenderse hasta por dos semanas, zanjará la discusión.

mark-begich-dan-sullivan-2014-08-25

Por Joaquín Harguindey

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