Perfiles: Bernie Sanders

Una de las características distintivas de la competencia por la Casa Blanca en 2016 es la presencia de un candidato dentro de las primarias del partido Demócrata que define su ideología alternativamente como socialista, demócrata socialista o socialdemócrata. El protagonista de este inusual acontecimiento es Bernard “Bernie” Sanders, politólogo de 74 años, oriundo de Brooklyn y Senador por el Estado de Vermont desde el año 2007.

Hasta la fecha, su performance en las encuestas nacionales y en algunos distritos clave ha sido bastante mejor de lo esperado, volviéndolo no sólo una sorpresa sino también la única competencia genuina que posee Hillary Clinton en la primaria Demócrata.

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Conociendo al candidato

Sanders inició su vida política en la Universidad de Chicago como miembro de la juventud del diminuto Partido Socialista de los Estados Unidos, una organización infiltrada por trotskistas y de nula relevancia desde mediados de la década de 1920. Su estadía allí fue breve y posteriormente migró hacia organizaciones de carácter más plural, agendas más limitadas y mayor éxito, tales como el Congreso de la Igualdad Racial (Congress of Racial Equality), la Unión de Estudiantes por la Paz (Student Peace Union) o el Comité Coordinador Estudiantil No Violento (Student Nonviolent Coordinating Comittee), las cuales se involucraban principalmente en el movimiento de derechos civiles de los años 60.

Como miembro organizador en estas instituciones, Sanders lideró la lucha contra la segregación racial en la Universidad de Chicago, llegando inclusive a ser arrestado por la policía al intentar promover la integración en el resto de las instituciones educativas de la ciudad. Su interés en el asunto lo llevó también a ser uno de los cientos de miles de asistentes a la Marcha sobre Washington por el Empleo y la Libertad de 1963, donde oyó hablar en contra de las desigualdades raciales en los Estados Unidos a distintas figuras de organizaciones civiles, políticas y culturales, siendo el reverendo Martin Luther King, Jr. el icónico orador principal.

Sanders habla ante miembros de su organización antirracista en la Universidad de Chicago en 1962.

Sanders habla ante miembros del Congreso de la Igualdad Racial, que ocupan el edificio administrativo de la Universidad de Chicago para protestar contra la segregación, en 1962.

Luego de terminar sus estudios, período durante el cual se rehusó a ir a combatir a Vietnam como objetor de conciencia, Sanders se estableció en el pequeño Estado nororiental de Vermont y dio inicio a sus aspiraciones electorales. Su perfil de izquierda, habilidad retórica y formación profesional encontraron hogar en el Liberty Union Party, una fuerza política local de corte antibelicista, progresista y ecologista. Sus resultados a lo largo de la década del 70 fueron consistentemente pobres, pero su perseverancia eventualmente rindió frutos y le permitió ser electo como candidato independiente a la alcaldía de la ciudad de Burlington en 1981 por un estrecho margen de diez votos.

Sanders permaneció como alcalde a lo largo de los siguientes ocho años, liderando una administración fiscalmente responsable que se destacó por el desarrollo urbano de Burlington y la recuperación de las áreas céntricas más deterioradas.  Los votantes renovaron su mandato en tres ocasiones con márgenes mucho más amplios que su elección original, optando por Sanders incluso por sobre un rival oficialmente apoyado por los dos grandes partidos en 1987. No obstante, el futuro candidato presidencial decidió no competir por un quinto mandato en 1989, prefiriendo en vez montar una fallida campaña al Congreso, en la que el voto liberal se dividió entre Sanders y el candidato Demócrata.

Luego de esta derrota, Sanders abandonó brevemente la política, dedicándose en vez a enseñar Ciencia Política en la Escuela de Gobierno Kennedy en la Universidad de Harvard y en Hamilton College. Su período como educador fue breve, de todas maneras, y concluyó de forma definitiva en 1990 cuando compitió nuevamente contra Smith y logró ocupar el único escaño que Vermont posee en la Cámara de Representantes.

Sanders retuvo el cargo de congresista por los siguientes quince años. Comenzando durante el primero de sus ocho mandatos consecutivos, se destacó como un representante de carácter rebelde y verdaderamente independiente, causándole muchos dolores de cabeza al liderazgo Demócrata en el recinto. A lo largo de la administración Clinton, Sanders no dudó en utilizar su posición en la cámara baja para denunciar lo que percibía como la rendición del partido de gobierno ante las fuerzas conservadoras (particularmente su reforma del sistema de asistencia social), impulsar legislación de fuerte impronta de izquierda y coordinar los esfuerzos del inicialmente modesto bloque (caucus) progresista en el Congreso, del cual fue co-fundador oficial.

Su foco particular se centró en asuntos relacionados al bienestar de los veteranos de las fuerzas armadas, la protección del medio ambiente y la defensa del empleo industrial en los Estados Unidos ante los efectos, según él enteramente nocivos, de las iniciativas de libre comercio firmadas por Bill Clinton y luego por George W. Bush. Su perfil opositor se solidificó aún más luego del ascenso al poder de este último presidente, ya que Sanders se encontró en las antípodas de prácticamente la totalidad de las iniciativas del partido Republicano, reservando especial condena para la invasión de Irak de 2003 y las reformas del sistema de subsidios a la compra de medicamentos conocida como Medicare parte D.

Su carrera política recibió un impulso importante en 2006, cuando el Senador independiente por Vermont Jim Jeffords anunció su jubilación y el partido Demócrata optó por no competir con un candidato propio para reemplazarlo. Esto le permitió a Sanders abandonar la Cámara de Representantes y ser electo como el primer Senador socialista en la historia de los Estados Unidos, derrotando a su contendiente Republicano por un margen de más de treinta puntos.

Desde entonces, y luego de una abrumadora reelección en 2012, Sanders ha sido una consistente voz progresista en el recinto, apoyando las iniciativas legislativas del bloque Demócrata aún considerándolas insuficientes y oponiéndose casi sin excepción a las propuestas del partido Republicano.

Sus esfuerzos por mejorar los servicios disponibles a los veteranos de guerra son reconocidos por miembros de ambos partidos y su oposición a porciones del programa de rescate de la administración Obama destinadas a las clases más acaudaladas le concedieron fama nacional incluso antes de su campaña por la Casa Blanca. Los sondeos de opinión, por su parte, continúan demostrando la aprobación del electorado de Vermont por su figura.

Su segunda reelección en 2018, si así la deseara, es predecida por todos los observadores como una de las más seguras de todo el panorama político nacional.

Su ambición presidencial

El ingreso de Sanders a la contienda por la Casa Blanca fue un tanto sorpresivo para buena parte de los analistas. La mayoría de ellos daba por descontado que la Senadora por Massachussetts Elizabeth Warren tomaría su lugar como representante del ala izquierda del partido Demócrata, puesto que ella contaba con mayor reconocimiento público, una red de militantes entusiasmados con su figura y una infraestructura de campaña experimentada. La reiterada negativa de Warren de presentarse, sin embargo, despejó el principal obstáculo en el camino del Senador por Vermont y concentró en su figura las expectativas de millones de estadounidenses deseosos de un abanderado progresista en las primarias partidarias.

Sanders lanza oficialmente su campaña en Burlington, Vermont.

Sanders lanza oficialmente su campaña en Burlington, Vermont.

Ante este escenario, Sanders decidió lanzar su candidatura en Abril de 2015, convirtiéndose en el segundo postulante por la nominación Demócrata. Su plataforma ha enfatizado el abordaje de los problemas económicos que afligen a la población de los Estados Unidos, en particular la creciente desigualdad de ingresos entre ricos y pobres, la insuficiencia del salario mínimo como sostén para un nivel de vida aceptable y el excesivo poder ostentado por las grandes corporaciones, Wall Street y un puñado de multimillonarios sobre el liderazgo político de la nación.

Inicialmente percibido como un candidato incapaz de enfrentarse a Hillary Clinton de forma realista, Sanders logró proyectar competitividad al incorporar prácticamente el total de la estructura de campaña de la Senadora Warren y posicionarse muy cerca de su principal contendiente en los sondeos de los dos primeros Estados en votar; Iowa y New Hampshire. Inclusive descontando al segundo debido a su proximidad con Vermont, su nivel de apoyo entre los votantes Demócratas en Iowa lo mostró por momentos en paridad con Clinton o dentro del margen de error de las encuestas, dando pie a la hipótesis de que podría seguir los pasos de la insurgente campaña de Barack Obama en 2008, ganar en los dos primeros Estados y aprovechar el impulso para competir en el resto.

Su mensaje ha resonado muy positivamente entre los estudiantes universitarios, los jubilados y algunos sindicatos, así como entre múltiples intelectuales, artistas y miembros de la sociedad civil. Su apoyo juvenil en particular le otorgó a Sanders la posibilidad de organizar actos de campaña inmensos, así como dominar la campaña en las redes sociales y mantenerse en el ojo público a pesar del perfil gruñón y austero del candidato. El desempeño de su estructura en cuanto a financiamiento, además, ha sido excepcional; más de dos millones de contribuciones de al menos un dólar han sido hechas a su comité de campaña, lo cual es un récord para una primaria y una clara señal de entusiasmo por el candidato.

Sobre esta ya considerable base de recursos y organización, Sanders vio a su posición fortalecerse durante los meses de Septiembre y Octubre debido a dos motivos. El primero de ellos obedeció a los constantes problemas de imagen causados a Hillary Clinton por dos investigaciones simultáneas, una primera sobre su rol durante el atentado contra el consulado estadounidense en la ciudad libia de Bengasi (en el que murieron el embajador Chris Stevens y otros miembros del personal diplomático) y una segunda sobre su uso de un servidor privado de correo electrónico durante su período como Secretaria de Estado.

Ambas investigaciones recibieron un nivel de atención desproporcionado, principalmente debido al deseo del partido Republicano de utilizar su control del Congreso para dañar a la candidata favorita de sus adversarios. Sumándole a ello la relativa falta de acción en la competencia interna Demócrata a los ojos de la prensa (al menos en comparación a la caótica primaria Republicana), la campaña de Clinton debió enfrentarse a un torrente constante de noticias negativas y  la popularidad de la candidata sufrió como consecuencia.

El segundo factor que hizo su aporte para reforzar la posición de Sanders en gran parte fue una consecuencia del primero; la caída de Clinton renovó el interés en la inclusión del vicepresidente Joe Biden en la competencia.

Biden, universalmente reconocido por los votantes y veterano de cuatro campañas presidenciales, era también un riesgo para Clinton al ser un candidato cuyas fuentes tentativas de apoyo eran prácticamente las mismas que las de la ex-Secretaria de Estado.  Tal como puede verse en el promedio de sondeos más abajo, la presencia hipotética de Biden volvía a la contienda mucho más competitiva en Septiembre y Octubre, otorgándole la oportunidad a Sanders de emerger del segundo puesto debido a la fragmentación del voto moderado o centrista.

Promedio de encuestas nacional de la primaria Demócrata. Fuente: RealClear Politics

Promedio de encuestas nacional de la primaria Demócrata. Fuente: RealClear Politics

No obstante, las buenas noticias de principios del otoño parecen haber sido reemplazadas por otro panorama desde entonces. Hillary Clinton eventualmente logró romper el círculo vicioso de cobertura negativa, beneficiándose de una serie de declaraciones políticamente suicidas por parte de congresistas Republicanos. Estas despejaron buena parte de las preocupaciones alrededor de su candidatura, particularmente las referidas a la posibilidad de ser imputada, y devolvieron la confianza a una campaña que había tomado un aire pesimista.

Una audiencia pública, en la que Clinton debió responder preguntas a menudo absurdas o irrisorias a lo largo de casi once horas, fue el más claro signo del nuevo escenario de fortaleza de la ex-Secretaria de Estado. Los cuestionamientos de los congresistas Republicanos no lograron causar problemas de importancia a una candidata que lucía relajada y hasta aburrida por momentos, dejando al público la imagen de una investigación insustancial. Como consecuencia de ello, así como a la imposibilidad de generar nuevas vías de ataque a una figura que ha estado en el ojo público durante décadas, muchos analistas declararon el retorno del carácter inevitable de la campaña presidencial de Clinton y de su seguro triunfo en las primarias.

De forma casi simultánea, la campaña de Sanders recibió aún peores novedades. Joe Biden, hasta entonces dubitativo, decidió tomar la decisión pública y terminante de no competir salvo en caso de un improbable colapso de Hillary Clinton. El vicepresidente alegó como motivo tan sólo a la imposibilidad de montar una campaña efectiva a pocos meses del comienzo del período de votación, pero la mayoría de los analistas coinciden en que la principal razón por la que evitó competir contra Clinton fue la imposibilidad de triunfar contra una candidata a todas luces ya coronada tanto por los votantes como por los jerarcas partidarios.

Desde entonces, esta situación desfavorable para Sanders ha mayormente continuado. El escepticismo alrededor de la candidatura de Clinton y la división del voto centrista o liberal moderado en gran medida se detuvieron en Noviembre, volviendo mucho más difícil un triunfo del Senador socialista en las primarias. La candidata favorita no ha cometido errores de importancia y la totalidad de los potenciales rivales del partido Republicano ya se refieren a ella como la candidata oficial Demócrata. Paralelamente, muchos de los mecenas que se habían abstenido de financiar la campaña de Clinton a esperas de que Biden entrara a la competencia ya no tuvieron motivos para ser equidistantes entre los competidores, volcando su apoyo de forma masiva a favor de la ex-Secretaria de Estado debido a su status como indiscutible heredera política de la administración Obama.

No obstante, el candidato socialista ha logrado cosechar algunos apoyos importantes en los últimos meses, particularmente entre los sindicatos, y todos los observadores coinciden en que su performance durante los debates ha sido excelente. Asimismo, algunos de los sondeos indican que a pesar de sus particularidades, Sanders sería un candidato competitivo en caso de recibir la nominación.

Por desgracia para su campaña, esto último parece estar fuera de su alcance de no mediar circunstancias excepcionales.

Sus posibilidades

Aunque el panorama no es para nada alentador, un triunfo de Sanders en las primarias del partido Demócrata no es inconcebible.

Sanders ya ha logrado consolidar el apoyo del ala izquierda del partido Demócrata, así como de el de la mayoría de los votantes anti-Clinton, bloque que probablemente le será fiel pase lo que pase. Esto le otorga un nivel de apoyo nacional que ronda el 30%, lo cual lo mantiene como un candidato viable, le provee de acceso a millones de dólares en donaciones individuales y lo vuelve la única alternativa real ante Hillary Clinton.

Paralelamente, las encuestas realizadas a lo largo de los últimos meses indican que Sanders tiene posibilidades de triunfar tanto en Iowa como en New Hampshire, los cuales son los dos primeros Estados en votar. De ocurrir (y ambos eventos son perfectamente posibles) el senador por Vermont podría enfrentar las primarias posteriores con mayor impulso y privar a la campaña de Clinton de su aire de inevitabilidad.

La combinación de estos dos factores, sin embargo, debería combinarse con algún evento o serie de eventos realmente desafortunado para Clinton si ha de conducir a un triunfo de Sanders. Actualmente, el Senador es un fenómeno político importante únicamente en los campus universitarios y en los distritos pequeños de poca diversidad étnica, donde compite con Clinton por votos relativamente mucho más liberales que la media nacional. El inicio de las primarias en Iowa y New Hampshire, dos distritos pequeños de electorado partidario liberal donde la población blanca supera el 90%, camufla esta debilidad.

Opiniones sobre Sanders de acuerdo a distintos grupos. Fuente: The Economist/YouGov

En buena parte del resto del país, pero sobre todo en los distritos del Sur donde la minoría negra constituye la mitad o más del electorado Demócrata, Clinton posee ventajas inmensas sobre Sanders. Allí abundan los votantes moderados o conservadores y el socialista ni siquiera es muy conocido por el electorado después de meses de campaña.

De forma ilustrativa, los electorados en Nevada y Carolina del Sur (los dos distritos que votan inmediatamente después de Iowa y New Hampshire) han consistentemente preferido a Clinton por ventajas que promedian los 40 puntos desde el inicio de la campaña.

Peor aún para Sanders, la convención partidaria también incluye a 700 delegados no-electos, conocidos informalmente como superdelegados. Estos delegados pertenecen al establishment partidario casi en su totalidad y consecuentemente apoyarán a Hillary Clinton en su inmensa mayoría. De acuerdo a los últimos datos, Hillary Clinton ya habría conseguido el apoyo de alrededor de 450 de ellos.

Como consecuencia de estos factores, Sanders precisaría de un casi milagroso evento catastrófico en el bando de Clinton para triunfar, tal como un nuevo escándalo para la ex-secretaria de Estado que conduzca al ingreso de Biden a la competencia, puesto que no es muy probable que pueda reducir los enormes márgenes de Clinton únicamente a través de actividades normales de campaña.

De lo contrario, su rol más probable de aquí en adelante será el de incluir elementos progresistas en la discusión interna del partido Demócrata, mantener al ala izquierda del partido representada en las primarias y sentar las bases para la próxima campaña progresista, tal como Warren y sus seguidores hicieron por él.

Por Joaquín Harguindey

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