Sobre la revolución política de Sanders

Debido a las características de la competencia interna Demócrata en los últimos meses, una considerable porción del público interesado, tanto estadounidense como extranjero, le ha prestado abundante atención al desempeño del socialista Bernie Sanders como candidato insurgente contra (la aún favorita) Hillary Clinton.

Este ha capturado la imaginación de muchos observadores por su inusual perfil de candidato, atrayendo tanto la admiración de aquellos que desean implementar un Estado de Bienestar robusto en los Estados Unidos como el oprobio de aquellos que aseguran ver en él la destrucción de todo lo que el país ha significado desde su fundación.

Aunque razonable como ejercicio hipotético y aún una posibilidad genuina, una mirada sobria al panorama político de los Estados Unidos puede encontrar dos motivos principales por los cuales la mayor parte de este entusiasmo o preocupación por una presidencia de Sanders son un tanto innecesarios debido a su improbabilidad.

12631330_971863276202010_8449976456070871126_n

El electorado Demócrata

Asumiendo el carácter imposible de una premisa esencial para Sanders (a discutirse en breve), el primer obstáculo en su camino a la Casa Blanca es el proceso de primarias desarrollándose en estos días. Aún bajo los sondeos más optimistas, el Senador por Vermont se encuentra segundo debajo de Clinton a nivel nacional con alrededor de diez puntos de margen a favor de la ex-Secretaria de Estado y esta última posee el apoyo de casi la totalidad de la organización partidaria.

Aunque los sondeos nacionales son poco más que una encuesta de popularidad y las primarias o caucus se dirimen exclusivamente a nivel estatal, la información sí nos permite tener una idea acerca la composición de los bloques de votantes de cada contendiente, y las conclusiones que pueden obtenerse del de Sanders no son muy favorables.

En términos generales, la coalición liderada por Sanders está constituida por votantes blancos y jóvenes. Estos abundaron en Iowa y lo harán también en New Hampshire, donde Sanders seguramente ganará, pero serán una porción mucho menor del electorado en la mayoría de las posteriores contiendas, siendo reemplazados por afroamericanos y latinos.

El socialista, incluso luego de meses de campaña, debates y el establecimiento de una gran infraestructura de activistas, no ha hecho incursión de relevancia alguna en estos bloques de votantes. Estos favorecen a Clinton por alrededor de 4-1 y se encuentran preparados para otorgarle múltiples victorias consecutivas a la favorita a lo largo de Febrero y Marzo.

A menos que pueda resultarle más atractivo a las minorías o masivamente aumentar la asistencia de su votante típico, Sanders no sólo enfrentará serias preguntas acerca de su viabilidad en las siguientes semanas, sino que en definitiva carecerá de una coalición ganadora para obtener la nominación.

La revolución política

La vía a través de la cual la campaña de Sanders hipotéticamente podría superar los obstáculos mencionados es el fomento de una revolución política que cambie los aspectos fundamentales de la política estadounidense contemporánea.

Esta idea, a menudo sólo utilizada como un eslogan de campaña, es esencialmente la única forma que Sanders posee para romper las reglas que condenan su proyecto presidencial a una derrota. Sea a través de la radicalización de electores moderados, el ingreso cuantioso de nuevos votantes o una reconfiguración del descontento social estadounidense, Sanders precisa que la situación no sea una de business as usual para tener una oportunidad.

Por desgracia para él, si es que posee expectativas reales de que semejante evento ocurra, toda la evidencia parece indicar que nada parecido está ocurriendo en absoluto.

En primer lugar, el ala moderada del partido Demócrata se encuentra satisfecha con Clinton y la administración Obama. La economía se ha recuperado, se han expandido derechos civiles (el matrimonio entre personas del mismo sexo siendo el principal) y la posición internacional del país se ha fortalecido considerablemente luego de la catástrofe de relaciones públicas de los años de George W. Bush.

Clinton y Obama no sólo fueron piezas claves de estas transformaciones, sino que en buena medida son el símbolo y personificación de ellas para este bloque de votantes. Esto implica que las críticas a su desempeño, sobre todo aquellas relacionadas a la falta de ambición de ambos actores, no son muy efectivas. Lo son inclusive menos con aquellos que tienen en mente el control Republicano de ambas cámaras del Congreso.

En segundo lugar, aunque la capacidad de Sanders para atraer nuevos votantes es buena, difícilmente podría ser definida como revolucionaria.

El Senador sin duda ha logrado generar entusiasmo entre los jóvenes de orientación progresista y muchos de ellos están dispuestos a otorgarle el primer voto de su vida adulta. Asimismo, muchos votantes de mayor edad que vieron con desagrado el giro centrista del partido Demócrata bajo Bill Clinton se encuentran muy contentos de poseer un candidato que los represente y que tenga cierta competitividad.

El efecto de ello sobre la participación, no obstante, es modesto. Unos 170.000 Demócratas se presentaron en el caucus de Iowa el 1 de febrero. Este número es mayor al habitual (las elecciones del 2000 y 2004 fueron asistidas por 61.000 y 122.000 respectivamente), pero no llega a asemejarse a la participación del último caucus Demócrata competitivo; los 236.000 votantes que concurrieron para darle la victoria inicial a Obama en 2008.

Podría razonablemente argumentarse que Iowa no tiene por qué ser representativo del resto del país y que tal vez Sanders logre más efecto en otros distritos, pero esto es altamente improbable.

Iowa ha recibido atención constante por parte de su campaña desde hace meses para conseguir que la mayor cantidad de personas se acerque a votar y su resultado no es más que aceptable. Si Sanders espera que esta sea su arma secreta, probablemente deba prepararse para una gran decepción.

En último lugar, y tal vez más seriamente de todo, una mirada a las más recientes “revoluciones políticas” en los Estados Unidos nos indican que la mayoría de los factores que produjeron las anteriores no se encuentran presentes en esta ocasión.

Un grupo de ellas, tales como la de Kennedy en 1960 u Obama en 2008, involucraron la posibilidad de que una porción de la sociedad estadounidense pudiera ver a uno de sus miembros como Presidente por vez primera. En términos simbólicos, fueron genuinamente una revolución para dos comunidades que habían sufrido períodos prolongados de discriminación en su contra.

La hipotética revolución de Sanders, debido a su electorado joven, blanco y relativamente acaudalado, traería consigo una carga emocional severamente limitada en comparación a las anteriores. Su narrativa entusiasmaría a muchos menos y sufriría en las urnas como consecuencia.

Otro grupo de ellas, como las de Franklin Roosevelt durante la Gran Depresión o Richard Nixon en 1968, dependieron de la incorporación masiva de votantes que solían pertenecer a las filas del otro partido. Su astucia política y coyuntura les permitieron disolver las uniones esenciales de la coalición rival para absorber a millones de votantes descontentos con su representación tradicional.

Ni Sanders ni ningún otro Demócrata se encuentran en una posición para llevar esto a cabo. El grado de polarización de la sociedad estadounidense se encuentra en el pico histórico de nuestros tiempos y el tránsito de votantes entre partidos es diminuto en comparación al de eras previas.

El espacio ideológico entre los miembros de ambos partidos, tal como evidencia la disfuncionalidad del Congreso, constituye hoy un obstáculo enorme inclusive para concluir arreglos sobre cuestiones muy elementales y vuelve casi imposible la aparición de una opción superadora que logre mezclar posiciones de ambos partidos para constituir una nueva mayoría.

Aún peor para Sanders, su perfil y su lugar en el espectro ideológico estadounidense no se encuentran nada cerca de los de los electores que, hipotéticamente, podrían interesarse en su plataforma. Estos últimos son, a grandes rasgos, votantes blancos y pobres del interior de los Estados Unidos que se encuentran fundamentalmente preocupados por las transformaciones demográficas del país y su pobre desempeño en una economía globalizada.

Sanders no se asemeja a ellos en prácticamente nada. Es un Senador judío-laico oriundo de Brooklyn, que representa a uno de los distritos más ricos del país y encabeza un movimiento de votantes progresistas cuyo bastión son los campus universitarios.

Su oposición a los tratados de libre comercio e historial mixto de cara a la legislación sobre control de armas e inmigración no alcanzan para compensar el efecto negativo de su política social de izquierda (que desagrada a los elementos racistas, incluso en la pobreza), su apoyo al derecho al aborto (que desagrada a los conservadores sociales) o su percibido pacifismo (que desagrada a militaristas), por mencionar unos pocos.

Asimismo, los medios de comunicación que este electorado consume lo desprecian o ignoran, las organizaciones a las que pertenecen, con la excepción de algunos sindicatos, no tienen contacto con él y luego de meses de exposición a su mensaje, los miembros de este bloque de votantes lo ignoraron completamente en Iowa.

Debido a estos dos factores, la mayoría de los analistas consideran que la revolución política augurada por Sanders es una posibilidad muy remota en caso de depender de votantes tradicionalmente Republicanos. Estos, a pesar de preocuparse por los mismos problemas que el socialista en muchas ocasiones, poseen soluciones completamente diferentes a ellos.

Un análisis razonable indica que sus chances de obtener la nominación dependen mucho más de un colapso total en la campaña de Clinton que de sus propias habilidades para producir un cambio profundo en el panorama político de los Estados Unidos, y que sus llamados a una revolución política difícilmente sean más que una expresión de deseo.


 

Por Joaquín Harguindey

 

 

 

 

Anuncios

1 Trackback / Pingback

  1. New Hampshire: Perspectivas | Observatorio Político John Fitzgerald Kennedy

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: