New Hampshire: Perspectivas

Hoy se desarrollará la segunda votación en el proceso de primarias presidenciales de los Estados Unidos, la cual tendrá lugar en el pequeño Estado nororiental de New Hampshire.

Los pronósticos auguran el triunfo seguro de un candidato en las primarias de cada partido, pero la competencia por el segundo puesto en la contienda Republicana podría definir la permanencia o abandono de muchos de sus candidatos e inclusive reducir su número a tres postulantes de relevancia.

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El distrito

Al igual que su antecesor Iowa, New Hampshire es un Estado pequeño y poco representativo de los Estados Unidos en su conjunto. De su población de un millón trescientos mil habitantes, un 40% habita en áreas rurales y el distrito carece de ciudades de gran magnitud. A su vez, su composición demográfica es una de las más homogéneas del país (94% blancos) y sus habitantes son algunos de los más ricos.

Con respecto a su orientación política, el electorado en New Hampshire es relativamente liberal en comparación a la media nacional; muchos de sus votantes Republicanos son considerablemente moderados, mientras que muchos de sus homólogos Demócratas poseen un perfil progresista.

Esto hace que el distrito a menudo cumpla roles distintos para cada partido, impulsando candidatos liberales entre los Demócratas y actuando como un balance centrista a los conservadores de Iowa entre los Republicanos. La excepción a esta regla son las competencias con un candidato local de la región de Nueva Inglaterra, las cuales parecen incluir un prejuicio geográfico a favor de estos.

En términos de relevancia, New Hampshire posee un carácter doble. Desde el aspecto matemático, su número de delegados es muy pequeño. La competencia incluye 32 delegados a dividirse entre Demócratas con un umbral de 15% del voto y apenas 23 entre Republicanos con un umbral del 10% del voto, por lo que una victoria allí no constituye un gran premio en la competencia por la nominación presidencial de cada partido.

No obstante, desde el aspecto simbólico New Hampshire es esencial para muchas campañas. Es el segundo distrito en votar y su resultado tiende a dividir a los candidatos en base a su viabilidad. Una victoria allí puede significar la consolidación de muchos votantes dispersos alrededor de una candidatura, mientras que una derrota puede traducirse en un colapso y temprano abandono.

Paralelamente, su tamaño y población pequeñas facilitan el trabajo de muchas campañas de tamaño chico, permitiéndoles competir contra adversarios de abundantes recursos a través del contacto directo con los votantes.

El método de votación

La votación en New Hampshire es una primaria, por lo que el procedimiento es relativamente simple en comparación al caucus de Iowa.

Los electores registrados como miembros de un partido deben acercarse a un centro de votación para recibir una boleta de ese partido. Una vez allí pueden seleccionar una de las preferencias disponibles o escribir una propia (esto último ocurre en muy pocos casos sin una campaña organizada).

De no estar registrado o estarlo sin una afiliación partidaria declarada, los electores pueden hacerlo momentos antes de votar, pero sólo para hacerlo en las primarias de uno de los partidos. Los Demócratas no pueden votar en la primaria Republicana ni viceversa.

Los centros de votación generalmente están abiertos de las 7 a las 19, aunque dos de ellos (Dixville Notch y Hart’s Location) votaron la medianoche previa, por tradición.

La primaria Republicana

El GOP llega a la primaria de New Hampshire con ocho candidatos luego de un triunfo del conservador Ted Cruz en Iowa y el abandono de los postulantes Huckabee, Santorum y Paul.

El favorito esta vez es el magnate inmobiliario Donald Trump, quien salió segundo en Iowa y ha liderado las encuestas en New Hampshire desde Julio. La mayoría de los analistas predice que Trump conseguirá el primer puesto con alrededor de 30% del voto y obtendrá su primera victoria del ciclo 2016, por lo que la competencia real es por el segundo puesto y la chance de presentarse como su alternativa.

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Última encuesta de probables votantes Republicanos en New Hampshire (07/02). Fuente: Monmouth University

Los competidores por el rol de subcampeón son cuatro: Rubio, Kasich, Bush y Cruz. Debido a su relativamente buena performance en Iowa, donde obtuvo un robusto tercer puesto, se esperaba que Rubio pudiera poner distancia entre él y su puñado de competidores para comenzar a consolidar el voto del establishment partidario, pero este escenario es ahora menos probable.

El Senador por Florida tuvo un debate catastrófico el sábado anterior a la elección y su performance guionada y repetitiva bien podría costarle el impulso obtenido en la votación previa, así como envalentonar a sus rivales. Como consecuencia, la competencia por el segundo puesto puede producir desenlaces muy distintos en base a márgenes pequeños.

El primer escenario, aún considerado el más probable por muchos analistas, es el de un triunfo de Rubio. Esto sería fatal para la mayoría de los candidatos que compiten por la misma porción centrista del voto (Kasich, Bush, Christie) y podría conducir a la conformación de una competencia limitada a Cruz, Trump y Rubio como candidatos viables. Este sería el resultado ideal para el liderazgo del partido Republicano.

Sin embargo, un segundo escenario casi igual de probable podría ser uno de empate múltiple. Si las distancias entre los integrantes del pelotón de subcampeones son pequeñas, es posible que el ala centrista continúe dividida en la votación de Carolina del Sur de la semana próxima y no logre consolidarse alrededor de un único candidato.

En caso de ocurrir, el resultado más probable es el del abandono de alguno/s de los candidatos más dependientes de un triunfo en New Hampshire (Christie o Kasich) y el aplazamiento de la interna del establishment por al menos otra semana. Esto sería una relativa buena noticia para Jeb Bush, quien se encuentra casi en paridad de apoyos con Rubio en el distrito posterior.

Un tercer escenario podría incluir el triunfo de uno de los candidatos del establishment de menores chances, quienes podrían relegar a Rubio hasta inclusive el quinto puesto. De acontecer, es posible que la jerarquía partidaria reevalúe su elección de Rubio como favorito y posiblemente contemple a otros tales como Kasich o Bush como reemplazantes.

Semejante panorama de fragmentación e inconclusividad, además de ser la pesadilla de los jerarcas del partido, también podría dañar irremediablemente al nominado de cara a la elección general debido a los altos costos políticos que sin duda traería consigo triunfar en las primarias contra candidatos como Trump o Cruz.

Un último panorama, tal vez el más improbable, es el de un triunfo de Cruz. El Senador por Texas no posee el perfil correcto para triunfar en New Hampshire, pero ante un panorama en el que el voto moderado se encuentra dividido entre varios candidatos, Cruz posee la oportunidad de que su bloque de votantes conservador logre ser más grande que la porción centrista de mayor tamaño.

Esto le permitiría demostrar inesperada competitividad en un distrito reacio a su tipo de candidato y fortalecería su posición de cara a la primaria en Carolina del Sur, donde se encuentra en segundo lugar de acuerdo a los sondeos.

No obstante, su desempeño luego de triunfar en Iowa ha sido mixto en el mejor de los casos y es difícil que logre transformar su impulso en votos en New Hampshire. Ha enfrentado múltiples acusaciones de juego sucio para ganar la primera contienda y no ha logrado lucirse en los debates desde que tomó la delantera como alternativa a Trump a nivel nacional.

Debido a ello, es probable que Cruz deba esperar al caucus de Nevada o a la competencia simultánea en varios Estados del martes 1 de marzo para obtener su próxima victoria.

Por otro lado, quien celebrará con casi total certeza es Donald Trump. A pesar de haber apenas conseguido el segundo lugar en Iowa, su campaña ha logrado sobrevivir una semana de pronósticos catastróficos con reducciones mínimas en su nivel de apoyo en el distrito.

Su triunfo aquí probablemente revitalizará algo del interés (y el temor) que su mediocre desempeño en Iowa apaciguó, pero The Donald deberá contar con un resultado positivo en Carolina del Sur y posiblemente Nevada para recuperar el aura de inevitabilidad que lo acompañó durante el período previo al comienzo de las votaciones.

De lo contrario, es posible que la competencia por la nominación Republicana se reduzca a una lucha entre Cruz y un candidato del establishment, privando al ciclo 2016 de su principal anomalía hasta ahora y transformándolo en un proceso de mayor similitud a versiones previas.

La primaria Demócrata

Los Demócratas llegan a la primaria de New Hampshire, luego de obtener un empate en Iowa, con dos candidatos y un resultado previsible.

El muy probable ganador es el Senador Bernie Sanders, quien representa al vecino Estado de Vermont y actualmente posee alrededor de diez o quince puntos de ventaja por sobre su adversaria Hillary Clinton. De no mediar un evento extraordinario a lo largo del día, Sanders obtendrá tanto una victoria en el voto como en la cantidad de delegados a la convención partidaria.

 

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Última encuesta de probables votantes Demócratas en New Hampshire (07/02) Fuente: Monmouth University.

Este triunfo casi asegurado probablemente dará pie a una abundante especulación mediática al respecto de la competitividad de la primaria Demócrata y las posibilidades de que Sanders repita el inesperado camino a la victoria de Barack Obama en 2008. Observadores cautos, de todas maneras, sabrán esperar.

New Hampshire posee exactamente el tipo de electorado en el que Sanders sobresale; blanco, acaudalado y liberal. A su vez, el Senador es un candidato local que lleva décadas representando al vecino Estado de Vermont en el Congreso. De no triunfar allí, probablemente debería desistir de competir contra Clinton por completo.

La ex-Secretaria de Estado, por otra parte, puede permitirse una derrota momentánea en New Hampshire. Es la favorita no sólo en los dos distritos siguientes, Nevada y Carolina del Sur, sino también en la mayoría de los once distritos que votan simultáneamente el 1 de marzo.

Como consecuencia, deberemos esperar al menos hasta que se vote en Nevada para saber si nos encontramos en una primaria genuina entre dos candidatos competitivos o tan sólo ante las victorias inmateriales de un candidato afortunado en cuanto al cronograma de votación. La evidencia, por desgracia para Sanders, favorece lo segundo.


 

Por Joaquín Harguindey

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