Dos convenciones, dos realidades

Las convenciones Demócrata y Republicana dieron voz a dos visiones antagónicas de los Estados Unidos, así como al disenso en el interior de cada fuerza política.

Las últimas dos semanas vieron a los dos grandes partidos estadounidenses llevar a cabo sus convenciones nacionales; aprobando una plataforma, nominando candidatos a presidente y vicepresidente, otorgándole el escenario a sus mejores oradores y concentrando la mayor parte de la atención mediática disponible.

Sus respectivos organizadores tuvieron en claro el objetivo principal de cada convención. Lejos de presentarlo como el momento y lugar de un ejercicio institucional, las dirigencias de ambos eventos intentaron enmarcarlos de la misma forma en que la vasta mayoría de las convenciones en la era televisiva han sido enmarcadas. Esto buscó convertir a ambas en un comercial partidario prolongado, en pos de lograr una re-introducción de los candidatos ante el electorado y (al menos momentáneamente) conducir la conversación política hacia los asuntos deseados.

En este ámbito, ambas convenciones lograron gran parte de su objetivo. Aunque los mensajes transmitidos por cada una abordaron realidades marcadamente opuestas, ambas supieron refinar un número de ideas y símbolos para apelar al electorado de forma efectiva. Asimismo, cada partido logró proyectar una imagen de sí mismo como una fuerza cohesionada y con deseos de triunfar en noviembre.

Por desgracia para los organizadores, también hubo bastante de los eventos en Cleveland y Filadelfia que se distanció del programa oficial. Ello hizo que dos actos partidarios diáfana y profundamente distintos en tono y mensaje incluyeran detractores  dentro y fuera de cada estadio, muchos de los cuales optaron por expresar sus opiniones de forma explícita y dejaron en claro su desencanto con los eventos en desarrollo.

La Convención Republicana

El GOP reunido en Cleveland encontró poca resistencia organizada a la nominación de Donald Trump, a pesar de las repetidas ocasiones a lo largo de la primaria en las que la dirigencia partidaria o los rivales del magnate expresaron su intención de resistir la usurpación del partido dando pelea hasta el final.

Ello le permitió a Trump encabezar un evento centrado esencialmente en un mensaje de miedo e ira, orientado hacia una porción del electorado que percibe al país como al borde del precipicio. Sea debido al terrorismo, la criminalidad o los efectos nocivos de la globalización, Trump buscó evocar unos Estados Unidos en crisis como nunca en su historia y carente de un liderazgo capaz de guiar al país a través de la tormenta.

El resto de los oradores partidarios presentes hicieron eco de este mensaje. Aunque algunos de ellos (Ben Carson, Rudy Giuliani) lo hicieron en términos un tanto absurdos o mediante explosiones emocionales tragicómicas, la mayoría supo encontrar formas de canalizar el mensaje de declive de Trump y acentuar su propio mensaje con sus ideas. En particular Chris Christie, el compañero de fórmula Mike Pence y Patricia Smith (madre de la víctima del ataque en el consulado en Bengasi Sean Smith) fueron comunicadores efectivos de este miedo e ira.

La Convención asimismo dejó en claro que el candidato Republicano no buscará modificar su mensaje de forma significativa de cara a la elección general, sino que su perfil nativista y sus propuestas de gobierno extravagantes continuarán hasta noviembre como el núcleo de lo que se trata su campaña presidencial. Esto no es una sorpresa muy grande (era ya demasiado tarde para hacer de Trump un candidato ortodoxo), pero confirma el compromiso del candidato en guiarse en base a sus gustos y criterio, lo cual podría impedir su utilización de los instrumentos tradicionales de campaña y tener resultados desastrosos.

Por último, los eventos en Cleveland demostraron que una porción del partido Republicano continúa disconforme con su candidato y está dispuesta a divorciarse de él en público. Las ausencias de todos los ex-presidentes o candidatos presidenciales del partido (con la excepción de Bob Dole), gran parte de sus Senadores y de múltiples rivales de Trump en la primaria dejaron en claro que no existe un interés de parte del liderazgo tradicional en hacer las paces genuinamente con el magnate inmobiliario, al que continúan percibiendo como un usurpador momentáneo.

La Convención Demócrata

El mensaje enviado al país desde Filadelfia no pudo haber sido más distinto que el de su homólogo de Cleveland. La Convención Nacional Demócrata buscó establecer la idea de unos Estados Unidos de inclusión social y esperanza, cuyos avances en los últimos ocho años lo dirigen en el sentido correcto aún si los beneficios no han alcanzado a la totalidad de los habitantes.

El evento incluyó a los mejores oradores disponibles al partido, desde el Presidente Obama y la Primera Dama al padre de un soldado estadounidense de religión musulmana caído en combate, los cuales repudiaron gran parte del mensaje nativista y de declive nacional de la semana previa. En este sentido, la Convención buscó transmitir una versión del mensaje que Obama expuso en su discurso del Estado de la Unión en enero; hay múltiples motivos para tener vasta confianza en el país y este no debe ser definido por sus ansiedades.

Gran parte del esfuerzo retórico, al menos durante la primera parte del evento, se centró no obstante en calmar a la minoría de delegados de Bernie Sanders en el estadio, lo cual es probablemente uno de los dos grandes objetivos cumplidos durante el período.

La irrupción de la controversia sobre los mails internos del Comité Nacional Demócrata reavivó la frustración en los elementos más irredentos de la campaña de Sanders, los cuales debieron ser apaciguados. Mediante la labor de interlocutores de ambas campañas y del propio Sanders apenas una porción pequeña de esta facción, que probablemente no iba a estar satisfecha con nada salvo la imposición de su candidato como el nominado, continuó obstaculizando el desarrollo de la Convención. Ello hizo que, de todas maneras, la proyección de una imagen de unidad buscada desde junio se viera dificultada hasta cierto punto.

El otro logro del evento fue probablemente la inclusión de oradores que expandieron el atractivo de la candidata por fuera de los propios Demócratas. Mientras que la RNC se concentró mayormente en un mensaje de, por y para Republicanos, su equivalente Demócrata incluyó a figuras tales como Michael Bloomberg o el General John Allen como vías para acceder a desertores conservadores e impedir la consolidación de los adversarios detrás de Trump. Aunque corriendo con el riesgo de formar una coalición demasiado amplia y contradictoria, la estrategia podría rendir frutos de forma más eficiente que el cortejo de votantes jóvenes con poca disciplina electoral.

Por último, en lo que refiere a la candidata, Clinton lideró un evento histórico en el que una mujer recibió la primera nominación presidencial de uno de los grandes partidos. A pesar de que su discurso de cierre de la Convención tuvo altibajos y no logró estar en la misma categoría que los de otras grandes figuras, la candidata pudo dar una respuesta acorde al momento y enmarcar su labor pendiente como lo ha hecho desde el inicio de su campaña y como el Presidente mismo reafirmó durante su discurso allí; ser la continuación de la era Obama.


Por Joaquín Harguindey

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